Edgar y Tania, monitores de Fab Lab León
Fab Lab León es un lugar lleno de máquinas innovadoras que permiten crear infinidad de objetos. Sin ellas no existiría este laboratorio y, sin embargo, por lo que cobra sentido realmente no es por todas las herramientas que tenemos a nuestro alcance sino por el talento humano que aporta la creatividad y el conocimiento para convertir las ideas en realidad.
Tania y Edgar son dos de nuestros monitores de actividades extraescolares. Ellos serán quienes, junto a Nuria, acompañen a los participantes en la Escuela de Verano. Aunque muchos ya los conoceréis, aquí va su historia, la de cómo sus caminos encontraron Fab Lab León, donde guían y acompañan a numerosos niños y niñas para que lleven a cabo sus proyectos.
Tania Morales
Tania es de Trujillo (Perú) y es muy probable que la hayáis visto con una mochila al hombro porque siempre está mirando el mapa y buscando un nuevo destino que visitar. Es de estas personas que viaja absorbiendo la esencia de cada lugar, que mantiene su capacidad de asombro y con la que uno disfruta escuchando sus historias.

Amante del arte y el diseño, estudió Arquitectura, aunque si somos fieles a la realidad habría que decir que la carrera la había comenzado mucho antes, cuando no contaba más que con unos ocho años de edad. Su hermano, 12 años mayor, ya estaba en la facultad y ella se quedaba embobada mirando sus trabajos. Él encontró en sus pequeñas manos y gran disposición una asistente perfecta para completar las maquetas que le exigían. Tania asumía aquellas misiones encantada, así que cuando tuvo que elegir su opción universitaria, no hubo dudas.
Tras años trabajando en una gran empresa, llegó un momento en el que sintió que era tiempo de asumir nuevos retos. Metió sus cosas en unas cuantas maletas y cruzó el océano para instalarse en España. En Perú había estado compaginando su jornada laboral con otro trabajos de diseño que comenzaron casi por compromiso. Un amigo la convenció para que diseñara sus invitaciones de boda. Por amistad, no solo dijo que sí sino que incluso compró una máquina de corte láser para llevar a cabo su diseño. El resultado gustó tanto que le llegaron muchos encargos más y, aunque le robaba tiempo, disfrutaba mucho con su creciente arsenal de máquinas y herramientas. Sin saberlo, aquello la iba encaminando hacia nuestro fab lab, y tras la pandemia entró a formar parte del programa Poderosas dirigido a aumentar el interés de las niñas por la tecnología, la ciencia y la ingeniería.
Ahora Tania se encarga de acompañar a varios grupos de extraescolares. Comenzó con los de nivel 1 y ya tiene algunos que han llegado al nivel 4. “Enseñar ha sido una faceta que he descubierto aquí y me encanta porque intentamos siempre llegar a sus intereses y hacerlo de una forma lúdica para que les fascine”, explica Tania. “También cuidamos mucho el ambiente del equipo para que estén a gusto”, añade.
Lo más gratificante, según cuenta, es ver la ilusión de sus alumnos cuando logran terminar un trabajo. “Siempre me andan preguntando si lo pueden llevar a casa ese día”, asegura. Lo más difícil, dejar que se equivoquen. “Es lo que más me costaba al principio porque tienes la tentación de corregir sus errores para que no les salga mal lo que están haciendo, pero me he dado cuenta de que es la mejor manera para que aprendan”.
Es algo en lo que coincide Edgar. “Yo he aprendido mucho más en Fab Lab León y en la vida cuando algo me ha salido mal que cuando me ha salido bien”, sentencia. También opina que eso aumenta su valor. “Es que cuando les sale bien, se van con lo que han hecho como el que acude a una rueda de prensa con su Oscar, y es verdad que a veces los padres se sorprenden y se preguntan: ‘Pero, ¿cómo han hecho esto?’”, asegura.
Edgar de la Rubia
La historia de Edgar no es de estas que empiezan por el principio. Es de las que dan rodeos para llegar hasta un lugar que uno no sabía ni que existía. Empezó estudiando Ingeniería Informática pero le faltaba vocación y allí nunca llegó a sentirse cómodo. Luego estuvo trabajando 10 años en la planta joven de El Corte Inglés. Le gustaba mucho la moda y le atraía el marketing así que cursó un ciclo superior de Comercio y Marketing y luego otro de Comercio Internacional. En cuanto tuvo oportunidad de irse fuera, lo hizo. Primero a Bruselas, a trabajar en la Cámara de Comercio de España; y después a Lituania, tras concluir el Máster Universitario del ESIC de Comercio Internacional.

Al volver a España le hablaron de un programa de Fab Lab León, el Fabricademy, que parecía estar hecho para él porque combinaba diseño textil y tecnología. Quedó con Nuria para informarse y llegó preparado para lo de siempre que se interesaba por algún máster. Que le vendieran lo bueno que era, las salidas que tenía, las bolsas de empleo en las que iba a entrar y el gran título que colgaría en su pared. Según recuerda, aquí no hubo nada de eso. Lo que Nuria le explicaba era algo revolucionario para él: simplemente lo que iba a aprender y lo que sería capaz de hacer una vez lo terminase.
Aquella fue la primera pista de que pisaba un lugar diferente a otros en los que había estado así que decidió formarse con el Fabricademy y comenzar una relación con Fab Lab León que se prolonga hasta hoy como monitor de varios grupos de extraescolares.
“A mí el Fab Lab me ha cambiado la vida”, asegura Edgar. “Me ha enseñado un método de trabajo, a anticiparme, a ser realista y, sobre todo, a tener seguridad en mí mismo”, añade. Y todo esto lo transmite a sus alumnos con la misma metodología que a él le cautivó. “Aprenden ejecutando y creando cosas que ellos tienen en la cabeza. La satisfacción que es para un niño pasar de una idea abstracta a un objeto concreto es un premio y una manera de aprender. Tú fijas mucho mejor el conocimiento cuando el resultado es algo que te agrada que cuando no”, comenta.
Edgar, que ha creado una marca de ropa que se encuentra en fase de comercialización, comparte también sus conocimientos y experiencia en el mundo del marketing y pone a prueba a sus alumnos ideando logos. “Es impresionante lo que logran hacer. Es que cuando te vas haciendo mayor lo primero que piensas es que seguro que no funciona; ellos piensan lo contrario, que nadie va a poder con su idea. Son auténticas máquinas”.
