La revolución de los biomateriales
Fabricar implica tomar decisiones responsables. En los fablabs no solo fabricamos objetos sino que, mientras lo hacemos, aprendemos a pensar de dónde vienen los materiales, cómo se transforman, cuánto duran, qué impacto generan y qué ocurre con ellos al final de su vida útil.
Este nivel de conciencia durante el proceso nos lleva a aprovechar mejor los residuos, a reducir desperdicios y a dar valor a materiales que, de otra manera, se descartarían. La economía circular es parte de los fablabs y conecta, de lleno, con la filosofía de red de estos espacios de fabricación digital en los que es básico documentar, compartir y aprender de otras experiencias. Plataformas como Materiom funcionan como una base de datos abiertas de recetas de biomateriales, en la que cualquier persona puede consultar fórmulas existentes o compartir sus propias mezclas.

Lo más interesante es que en un fablab podemos experimentar a pequeña escala con nuevas formas de producir y de consumir. Lo hacemos, por ejemplo, cuando organizamos en Fab Lab León la actividad Repáratelo, en la que nuestros alumnos toman conciencia de cómo pueden reparar aparatos, reutilizar materiales y aprovechar restos de fabricación o diseñar objetos más sostenibles.
Qué son los biomateriales y para qué sirven
Los biomateriales son materiales creados a partir de ingredientes de origen natural o de residuos orgánicos. En Fab Lab León llevamos años explorando sus posibilidades. En el Fabricademy hemos acompañado muchos proyectos en los que los han utilizado y hemos profundizado en ellos también durante el proyecto europeo Shemakes, pero no solo en estos programas. Los usamos en actividades educativas, talleres de divulgación y visitas al fablab porque son una herramienta muy potente para enseñar.

A través de los biomateriales podemos hablar de ciencia, diseño, sostenibilidad, fabricación y ciclo de vida de los materiales de una forma muy práctica y visual. Observándolos, entendemos cómo cambia la textura, la dureza o la flexibilidad, analizamos los tiempos de secado y estudiamos qué aplicaciones pueden tener. A los estudiantes de Secundaria les genera mucho interés, ya que son capaces de relacionar los procesos de creación de materiales con temas de Química, Física o Dibujo Técnico que cursan en el instituto.
Nosotros trabajamos principalmente con recetas basadas en gelatina, agar-agar, alginato, glicerina, almidones, fibras naturales, kombucha, residuos orgánicos y tintes naturales. Con estos, creamos muestras que nos ayudan a construir un pequeño catálogo físico de biomateriales, muy útil para enseñar, descubrir posibilidades y comparar resultados según la receta o el proceso utilizado.

Tecnología y naturaleza dadas de la mano
Y en todo esto, ¿qué pinta la tecnología? Pues lejos del pensamiento de que tecnología y naturaleza son campos enfrentados, aquí lo que hacemos es ponerlas a trabajar juntas para crear procesos más sostenibles, locales y responsables.
La combinación entre biomateriales y tecnología es una de las partes más interesantes del proceso. Por un lado, la tecnología es una herramienta que agiliza y facilita la fabricación y nos ayuda a controlar y documentar el proceso. Podemos monitorizar parámetros como la humedad, la temperatura, los tiempos de secado o incluso estudiar propiedades como la dureza, la flexibilidad o la resistencia de las muestras. También usamos las herramientas del fablab para mejorar la forma y la aplicación final de esos biomateriales. Por ejemplo, podemos diseñar y fabricar moldes con corte láser, impresión 3D o fresado CNC para que los biomateriales tengan una forma más atractiva, precisa o adecuada para su uso.

De la idea al objeto
Estos materiales experimentales pueden transformarse en nuestro fablab en prototipos más cuidados. De una receta pasamos a una pieza y de ahí a una posible aplicación. Para eso estamos en el lugar donde es posible crear (casi) cualquier cosa.
Existen proyectos muy interesantes que aprovechan residuos para darles una segunda vida. Nuria fue evaluadora global del que llevó a cabo Dominique Vial, de Fab Lab Lyon, en el que elaboraba productos reales a partir de desechos textiles, en particular de la tela de los pantalones vaqueros. Dominique se inspiró en otro proyecto que nos encanta, FabBRICK, en el que los desechos textiles los utilizan para crear elementos de construcción.
Estos trabajos nos motivan a seguir investigando y a seguir preguntándonos de qué está hecho todo aquello que nos rodea o cómo podríamos mejorar o hacer más sostenible determinado objeto. Proyectos como Remix el Barrio de Fab Lab Barcelona -un proyecto de co-creación en el que diseñadores proponen proyectos con restos de comida- resultan muy inspiradores porque demuestran que la economía circular no es algo abstracto. Puede empezar con preguntas muy concretas: qué residuos tenemos cerca, qué materiales podemos crear con ellos, qué comunidad puede participar y qué nuevas aplicaciones podemos imaginar. Y terminar con una gabardina elaborada con piel de naranja.

